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El arte que maravilla

Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

El arte que maravilla

Vivo en su esencia, eterno en su concepción, poderoso por su capacidad de emocionar a través del arte, del ingenio arquitectónico conjugado con la sabia decoración, en suma, de una realidad que es pura alegoría. El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial alza sus perfiles como obra cumbre de Renacimiento europeo desde las mismas entrañas que le hacen sinónimo universal de la Contrarreforma, espejo del reinado del Prudente, sueño materializado para seguir maravillando en el presente como hace 450 años, cuando se colocara la primera de sus piedras.

En este verano de 2014, la visita a este Real Sito invita a descubrir en su soberbia magnitud los aspectos que desvelan las claves del sello escurialense. Y lo hace gracias a una propuesta expositiva que adquiere precisamente en suelo sanlorentino una nueva dimensión tras sorprender al público a su paso por el Palacio Real. La apuesta de Patrimonio Nacional se agranda y gana así al asentarse en el Monasterio, permitiendo que muchos de sus espacios más emblemáticos acojan, hasta el próximo 14 de septiembre, ‘Del Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en El Escorial’, una muestra donde pergaminos, cantorales y relicarios, entre otras muchas piezas, cobran visibilidad en el paseo que nos adentra en lo más inédito de tan conocido recinto.

De los planos sobre los que se asienta la gran fábrica concebida por Felipe II a los cuadros genealógicos de las Casas Reales, la exposición visualiza en un primer momento el propio tiempo y espacio, traspasando el límite del contexto para centrar el sentido real del Monasterio. Son los primeros compases, cuando la vista alcanza a sorprenderse entre bronces y cristales, baúles y arquetas sagradas… Así, sin perder el acento religioso que acompaña al lugar y sus significados, la exposición abandona vitrinas para brindar el encuentro con la colección de pintura flamenca, resaltando la obra El Bosco, tan del gusto del monarca fundador, tan admirable a juicio de todos.

Todo un acierto el de la elección de las salas elegidas para albergar esta cita irrenunciable para la completa comprensión del edificio que logra constituir en sí mismo el mejor guía para mostrar las joyas que confirman la auténtica maravilla que encarna  el Sitio y sus múltiples matices. Así, el descenso a la primera planta marca una particular continuidad al argumento de esta muestra, de la que es comisario Fernando Checa, ex director del Museo del Prado. El espectacular corredor que traza la Sala de Batallas sirve de enlace a nuevos rincones donde admirar tapices, túnicas, liturgias… Espera entonces el Coro, parte vital del Monasterio, como esencial sigue siendo el canto en la vida de la Comunidad. Su sillería diseñada por Juan de Herrera, el facistol, los frescos, todo emociona en esta privilegiada atalaya desde la que contemplar la Basílica, su Altar Mayor, sus proporciones.

La salida al Claustro Alto tampoco resta significación en este más que singular avance que aún ha de brindar escala en la Sacristía de las Capas, para recrearse frente a los cuadros de Juan Fernández de Navarrete, ‘El Mudo’, y llevar la mirada al encuentro con Tizinao, alcanzando ya la Iglesia Vieja. En suma, el itinerario propuesto sigue elevándose, porque incluye el descenso por la espectacular escalera principal para llegar allí donde el rumor del agua subraya la vitalidad de la piedra, del Sitio, donde el verde salpica, presentándose como el jardín de metáfora que relata en su belleza el Patio de los Evangelistas. Marchando a la luz de Tibaldi, ya por el Claustro Bajo, la muestra desemboca en la grandeza de la Basílica brindado un último regalo, la contemplación de  los dos armarios relicarios que aguardan especialmente abiertos para la ocasión, vueltas las puertas decoradas por Federico Zúccaro.

Sí, de maravilla en maravilla, el arte escurialense muestra todo su esplendor, el lujo de las piezas que le dan forma, el imponente valor del histórico edificio, un Monasterio tan eternamente vivo.

Artículo de Opinión de ASLEPYME

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